Soy un estudiante de último grado de bachillerato en uno de los colegios más caros de Bogotá, y de Colombia.
Hace algunos días me propuse recapitular todo lo que he aprendido a través de mi educación. Analicé mis conocimientos actuales, y los conocimientos que me ha impartido mi colegio a través de toda mi vida. Y me topé con una realidad que me estremeció: después de hacer un análisis exhaustivo, creo que he perdido mi tiempo, y mis padres han perdido su dinero, en un colegio que no me ha enseñado nada, ni me ha aportado nada, ni me ha generado nada más que perdidas durante mis últimos años de bachillerato.
Y aún consternado por éste descubrimiento, pensé que éste podría ser un problema exclusivo de mi colegio. Sin embargo, fue enorme mi indignación cuando me di cuenta que este era un problema generalizado en la educación actual. Fue entonces cuando me propuse escribir este texto, en donde planeo describir las enormes falencias que, a mi juicio, tiene la educación actual.
¿Qué tan satisfecho se encuentra usted con la educación actual en su país o ciudad?
(polls)
Y comienzo comentando una percepción que tengo de mis compañeros de colegio, que también he encontrado en alumnos y alumnas de distintos estratos, estudiantes de distintos colegios en distintas zonas del país: Me parece que cuando los estudiantes de bachillerato se gradúan, pareciese como si hubiesen vivido toda su vida en una caja de cristal, en una burbuja aislada de la sociedad, sin ninguna noción clara de la realidad del mundo, ni de la de su familia, ni siquiera de la de ellos mismos. Después de comparar lo que le enseñan a los estudiantes en varios colegios, y analizar detenidamente lo que me enseñan a mí, la desconexión con la realidad de los colegios, sus directivos, sus profesores y sus alumnos, se vuelve realmente inaceptable.
Yo personalmente he visto algunos casos de preocupación. He visto estudiantes en colegios en donde hay unas rutinas de estudio y unos métodos de aprendizaje muy rigurosos, que no tienen ninguna conexión con la realidad, ni concepción alguna de su existencia, porque los colegios actualmente enseñan algebra, matemáticas, estadística, geometría, trigonometría, calculo, etc., pero sus estudiantes se confunden a la hora de contar las vueltas de una compra; los colegios enseñan español, y piden y piden investigaciones y escritos de todo tipo, pero sus estudiantes no saben hablar ni escribir bien en ningún ambiente, ni saben cómo hacer algo tan básico como una carta; los colegios enseñan biología, química, ciencias naturales, física, anatomía, pero sus estudiantes no saben que lo que fuman, toman e inclusive meten es malo para ellos, así como tampoco conocen la importancia de cosas tan básicas como bañarse, hacer ejercicio o dormir; los colegios enseñan ciencias sociales, geografía, historia, política, filosofía, ética, pero he visto estudiantes que creen que América del Norte, América Central y América del Sur son tres continentes distintos, y que no conocen cual es la situación actual de su país y del mundo. Sin embargo, tienen las mejores notas en todas las materias.
Como se habrá vuelto de impráctico el colegio, que los alumnos no relacionan lo que les enseñan con lo que diariamente viven. Pareciesen dos mundos separados.
Sin embargo, hay excepciones: están aquellos estudiantes que conocen la importancia de los buenos hábitos, de la curiosidad y de la inventiva, del aprendizaje y de otras tantas costumbres que marcan, no solo a un buen estudiante, sino a un buen ser humano. Son estas personas, aquellas que conocen ‘la teoría’, digamos, pero que también saben cómo aplicarla a la realidad, las que sobresalen en la vida. Sin embargo, después de haber conversado con varias de estas personas ‘integras’, y especialmente después de analizar mi propia experiencia personal, he visto que todos estos buenos hábitos se generan por fuera del colegio. Al igual que los malos, como todos sabrán. Se generan en la calle, me refiero. En el mundo real.
Esto no tendría ningún inconveniente, a mi juicio. Sin embargo, en un caso como el mío, donde mis padres pagan en millones una pensión cada mes, lo mínimo que se podría esperar es que fuese en el colegio en donde se desarrollaran las ideas, no por fuera. Pero si las ideas, los amigos, las costumbres y la mayor parte de la vida útil se hace por fuera de la institución, ¿para qué vamos todos al colegio, todos los días, de todos los meses, de los mejores años de nuestras vidas? A mi juicio, en el sistema actual, para nada. Simplemente vamos para no tener la tentación de quedarnos en nuestras casas, durmiendo sin hacer nada, o en la calle vagabundeando. Al menos yendo al colegio estamos aprendiendo algo, sea lo que sea…
Algunos colegios se quitan de encima el deber de enseñar integralmente, diciendo que la educación en otros ámbitos de la vida distintos a los meramente académicos es responsabilidad de los padres. Que ellos no se pueden entrometer en la vida personal de los alumnos, y que la ‘sociedad’ es la que acaba con la gente. Y algunos padres también se desquitan, diciendo que le pagan a los colegios para que le enseñen a sus hijos todo, y ellos no deban preocuparse de nada. Ambos están mal, a mi juicio.
La educación de los estudiantes corre por cuenta de todos, estudiantes, en primer lugar, padres y colegios, en todo momento. El problema radica en que los padres o no tienen, o no quieren tener tiempo para sus hijos, en parte porque deben estar trabajando para pagar el colegio, la sociedad no cambia de un día para otro, y los estudiantes no saben cómo manejar sus propias vidas. Entonces los colegios son declarados, por defecto, último baluarte de enseñanza. Pero ellos enseñan cosas del estilo de las indicadas anteriormente. Es decir, nada interesante, ni productivo, ni útil. ¿Qué clase de entusiasmo le genera a alguien ir al colegio a ver un montón de materias aburridas? Ninguno, porque por más que estén viendo una materia llamada ‘La Clave de la Vida’, no les enseñan para que sirve eso.
Jamás he visto un colegio con una política de educación que implique recreación, o cosas interesantes, divertidas, chistosas inclusive. En vez de eso, enseñan química, física y trigonometría. ¿Qué para que sirve eso? Como me dijo una vez un profesor cuando se lo pregunte: “Sencillamente nosotros les damos las herramientas, para que ustedes las puedan aplicar a sus vidas”. Es decir, en algún momento eso servirá para algo. En algún momento, para lo que sea. Es como si el conocimiento se guardara en una bóveda en la cabeza, y se tuviese ahí, esperando a ver si en algún momento se usa. Puede que se use, puede que no. Habrá que esperar el momento en que, como dicen, ‘El algebra te salve la vida’…
Y este no es un problema exclusivamente ni de origen colombiano, dado que las mismas problemáticas y enseñanzas que se ven acá se ven en los sistemas de educación americano y europeo. Esos mismos sistemas que generan juventudes vacías, y que gradúa gente en masa, pero sin razonamiento. Inclusive, aquí la cosa no esta tan mal. En Estados Unidos, cuando algún estudiante se cansa de su vida y de su colegio, no escribe un texto argumentativo exponiendo sus argumentos como estoy haciendo yo. No. Ese estudiante agarra un arma, del mayor calibre posible disponible en el supermercado, y mata a todos los que pueda en su salón de clase.
Es absurdo. El colegio actual es absurdo e inútil. Y en mi caso, caro. Caro, y muy deficiente. Es como dijo Milhouse en un famoso episodio de Los Simpson, cuando Bart le pregunta que están haciendo en una clase, él responde: “No solo no estoy aprendiendo nada, sino que estoy olvidando lo que ya sabía”.
Y esta es mi propuesta: Yo pienso que el colegio debería centrarse en enseñar argumentación, investigación, hábitos de estudio, hábitos de vida, resolución de problemas concretos, aplicación de ciencias básicas, debería generar una concientización de la situación actual del mundo. También debería hacer énfasis en la parte física, es decir poner a los estudiantes a hacer ejercicio y aprovechar la etapa física más activa y beneficiosa de sus vidas. Pero actualmente el colegio les da a los estudiantes un montón de herramientas muy específicas para cada área, los tiene metidos en un salón todo el día, gastando tiempo y quemando neuronas en cosas inoficiosas. No es lo mismo enseñarle como hacer cálculo diferencial a un estudiante de Programación Lineal en la universidad, que a un muchacho que ni siquiera sabe como leer de corrido en el colegio. ¿Por qué en vez de de estarle enseñando eso, no le enseñan que el internet sirve para mas que chatear, o que cuando esté hablando en público vocalice y no baje la cabeza, o que cuando estudie no tenga un gato, un loro y un perro encima, mastique tres chicles distintos y oiga música a todo volumen? Hay que enseñarles a los jóvenes como es la vida, para que sepan que al salir a la calle y pagar un taxi, de nada sirve saber física de fluidos. O que de nada sirve saber química inorgánica si no se tiene en la cuenta que en el día del cumpleaños de la mamá, hay que estar con ella y no con los amigos parrandeando. O que de nada sirve saber la división social y geopolítica de los aztecas, cuando a usted le diagnostiquen cáncer de tanto fumar. Los conocimientos que enseña el colegio actualmente no pasan de ser más que datos curiosos, para resaltar como el ‘duro’ en una conversación, pero nada más. Y en mi caso particular, ese dato curioso, que ni siquiera puede que se exprese en ningún momento de la vida, cuesta millones, de pesos y de neuronas.
Obviamente hay algunas cosas que es básico saber, como leer, escribir, sumar, multiplicar, el nombre del país donde se vive, etc. De esta enseñanza, básica para desarrollar un ser humano como tal, se encarga el Preescolar y la Primaria. Pero el bachillerato debería cambiar su percepción de la educación, y evitar enseñar conocimiento en bruto, sino inculcar inquietudes y generar creatividad entre sus estudiantes. Es decir, enseñarles, mostrarles el mundo tal como es, para que lo entiendan y así puedan saber que hay de bueno, que hay de malo y como ellos pueden colaborar a mejorar.
A uno le debería dar gusto ir al colegio. Más allá de los amigos y los juegos, a uno le debería despertar curiosidad el colegio. Por las mañanas, al despertarse, uno debería sentirse animado a ir, porque se va a realizar alguna actividad, algo divertido, interesante. Porque uno sabe que va a ir a aprender algo. Porque hay una razón lo suficientemente poderosa como para interrumpir ese motoso tan sabroso que se tiene a las cinco de la mañana. Los colegios deberían darle a uno razones para asistir.
Sin embargo, los colegios son un tipo de empresa muy beneficiada porque no hacen publicidad, dado que los padres les llevan a sus hijos cuando están muy pequeños, y de ahí en adelante se va haciendo más difícil retirarlos porque cada vez se han invertido más y más recursos y tiempo y ánimos en tenerlos ahí. Ya cuando crecen, van de manera mecánica. Todos los días, lo único cierto es que al día siguiente hay colegio. Los padres lo saben porque así fue con ellos, porque nadie nunca les dijo que al colegio se va a aprender, no a repetir ni a dormirse en las clases. Simplemente saben que hay que ir, y punto. Pero yo pienso que los colegios deberían instar a sus alumnos a aprender. Deberían convertir el conocimiento en algo agradable, ameno, interesante y ÚTIL, en vez de hacerlo tedioso, aburrido, mecánico, inoficioso e inútil. Pero este es un objetivo muy difícil de alcanzar, dado que depende de organizar eficientemente un conjunto de profesores con unos interesantes métodos de enseñanza comunes, requiere de unas materias que estén bien dictadas y bien enfocadas, requiere de una institución con ganas de incentivar estas dos cosas, requiere de unos alumnos dispuestos a aprender, y de unos padres dispuestos a colaborar con todo esto. Como verán, organizar todos estos elementos puede ser una tarea imposible.
Y es que los buenos profesores no son, curiosamente, aquellos que enseñan cálculo, trigonometría, filosofía, geografía, química, etc., a pesar de que lo hagan extremadamente bien, y tengan treinta diplomas al respecto. Son aquellos que logran aplicar todo esto a la vida diaria, y que logran generar interés en sus estudiantes por la materia que ellos dictan. Un buen profesor sabe desglosar sus temas, de forma tal que pueda inyectarlos eficientemente en las mentes de seres humanos que no tienen ni idea de que se trata la materia.
Sin embargo, los colegios y los profesores actuales se enfrascan repitiéndoles a sus estudiantes ecuaciones y ecuaciones, y cosas que son innecesarias, y además aburridas. ¿A quién no le dio hartera la clase de filosofía en cuarto de bachillerato? Probablemente a aquel que le gustaba la materia, y seguramente fue de gran ayuda, pero a los otros tantos del curso, no les gustaba. En vez de eso, debieron haberles enseñado a TODOS por igual, como encontrar la información que se busca en un libro, sin necesidad de colapsar mentalmente en el proceso, a la vez que hay que referenciarla para no ser acusado de plagio y probablemente terminar en un lio tremendo.
Además, si a un montón de materias aburridas, en las que no se tiene ni idea de lo que se está haciendo, se suman algunos detalles como el carácter del profesor, los materiales del colegio, la comodidad de las instalaciones y la actitud de los compañeros, seguramente se encuentra una buena parte del porque los estudiantes no le encuentran sentido a su estudio.
Sin embargo, y que quede claro: No estoy diciendo que el colegio no sea necesario, al igual que la universidad. No. En realidad, estos dos son de los mayores y mejores inventos de la humanidad. Son la condensación, la recapitulación del conocimiento humano hasta la fecha, en pro de su desarrollo futuro. Son la base del pensamiento de un ser humano. Igualmente, la especialización, el estudio y la dedicación académica son claves para el desarrollo. Sin gente empapada de todo tipo de conocimientos, con una insaciable sed de aprender, pero sobre todo talento para aplicar sus ideas, no habríamos llegado a la luna, ni creado las vacunas, ni inventado los computadores, el internet o el celular que todos llevamos en el bolsillo, que usamos con increíble facilidad, y del cual no logramos concebir la cantidad de teoría y aplicación detrás de su pantalla. Con eso quiero decir, por más que me cueste, que la trigonometría seguramente sirve para algo. A mí no me enseñaron para que servía, pero seguramente a un ingeniero civil si le será útil, y el si tendrá que aprender de eso y verlo y entenderlo hasta la saciedad. Pero, ¿para qué se le enseña eso a un estudiante del colegio? No tiene sentido hacerlo, a mi juicio.
Antes de concluir, quisiera aclararle al lector mi perfil. Yo escribo esto desde la experiencia, no desde la subjetividad o la imaginación. A través de mi vida, yo he sido uno de los estudiantes más destacados de mi colegio. He participado en eventos, debates y trabajos ampliamente reconocidos a nivel intercolegiado y nacional. He sido galardonado en muchas ocasiones, mas de las que puedo recordar, como un excelente alumno. He pasado con creces las materias que he querido, y los profesores mantienen el mejor concepto de mí. Pero mi percepción de las cosas cambio después de recapitular mi vida y descubrir que de nada me sirvo ser el mejor alumno posible, ni entender las materias hasta la perfección, si no se qué hacer con mi vida, porque no sé que es la vida ni se para que sirve todo lo que he aprendido. Y como no se para que sirve, poco a poco lo iré olvidando. Y entonces reafirmaré que he perdido mi tiempo, y mis padres su dinero. Y, ojo, yo estoy en uno de los colegios más caros de Colombia, y soy uno de sus mejores alumnos. Imaginen como serán aquellos que van mal, o que estudian en colegios mediocres. Solo imaginen, o vayan a uno que quede cerca y véanlo por ustedes mismos.
Finalmente, le invito, apreciado lector, a hacer el siguiente ejercicio para que observe usted mismo lo que yo le estoy diciendo: vaya al colegio más cercano, y pida a cualquier estudiante, preferiblemente a uno de los mejores, que le comente lo más notorio que haya aprendido durante el año escolar, y que luego resuelva un sencillo problema concreto (mejor si el problema es de verdad, es decir que haya sucedido en la vida real y cotidiana). Usted se sorprenderá cuando el estudiante le nombre, una a una, las escuelas y géneros literarios existentes; cuando le resuelva varias ecuaciones y le demuestre algunos teoremas; cuando le recite la organización de la tabla periódica y las unidades del Sistema Internacional; pero se sentirá aun mas sorprendido cuando el estudiante sea incapaz de resolver, siquiera de organizar y concebir, el problema. Lo invito a que haga el intento.